domingo, 6 de febrero de 2011

AMANECE


Camino descalza con cautela.
No quiero ver a la mujer del espejo que sonríe amargamente.
Se le ha caído ya el velo de la risa que ocultaba su boca
Y llora, en voz baja, para que ni los reflejos la oigan.
Una luz se ha quebrado contra el grito estridente del niño asustado.

En plena desnudez me abro como una flor sobre el sofá y la manta.
Ya han cubierto todos los espejos de las estancias,
Aunque sus suspiros llegan como aire de rabia ponzoñosa.
Yo delimito los espacios de mi piel con la punta de un lápiz
Que libera cada pedazo de piel de las cadenas de la estética.

¿Quién me pide que me asome a la ventana?
Yo luzco el escaparate de mi desnudo sin pudor y sin avaricia
Porque tan sólo soy el reflejo perdido de un espejo que llora.
Mis formas, hechas por un alfarero, son livianas redondeces
Sobre las que caen las lágrimas de una imagen
A la que han destapado el velo de la sonrisa.

L. Fraga.

3 comentarios:

J. G. dijo...

sigue caminando descalza, seguirás imagino viviendo esas sensaciones.

Emilio Fernández dijo...

Lucía,
La última estrofa es sensacional.

Un saludo

Me encantó conocerla

CYPRIEN dijo...

la poesia ha de ser mas que realidad...y tiempo de otros/as con lo que se acerca mas a cada una de esas transparencias, que al fin comprendemos.